• Micaela Toret

No profanar y santificar

Emor > Levítico 21:1-24:23


“Serás santo, porque Yo, Di-s vuestro Señor, soy santo".


En la parashá de esta semana nos encontramos con un versículo interesante que nos lleva a reflexionar sobre cómo podemos santificar el nombre de D's y cómo evitar profanarlo. Veamos a continuación algunas consideraciones.


En Levítico 22:32 leemos “No profanen mi Santo nombre…”, pero es difícil pensar que D’s en sí mismo pueda ser profanado ya que Él es Kadosh y es la fuente de toda Santidad, entonces ¿a qué se refiere exactamente ese mandato? Los rabinos nos explican que no se tratar de transgredir el nombre tal como lo pensamos, es decir la grafía «D´s» sino que «nombre» hace referencia a la concepción que tiene el hombre de Hashem, es decir a su reputación.


Los distintos nombres que existen de D’s nos habla de cómo maneja los distintos aspectos materiales y espirituales de este mundo, de su relación con nosotros; en consecuencia, esto nos brinda una concepción determinada de D’s. Por lo tanto, podría leerse: «No profanarán la concepción de D’s que tiene el hombre».


Un comentario muy interesante de la Torá Emet nos dice: “Profanar”, en hebreo, es lejalel (לְחַלֵּל) , de la voz jalal (חָלָל), “vacío”. Considerar que puede haber un espacio vacío de Su Presencia, eso es profanar Su Nombre.


En conclusión, esto quiere decir que, si transgredimos o modificamos con actos inapropiados sus preceptos o la Torá, contribuyendo a crear un espacio sin su presencia, estamos creando también una concepción negativa y falsa de D’s en este mundo, es decir, estamos profanando su nombre.


Esta perspectiva nos invita a reflexionar: si hemos declarado nuestra fe, sobre nuestras acciones ¿qué concepto del D’s en el que decimos creer y con el cual decimos vivir estamos dándole a aquellos que nos rodean? ¿Son mis actos acordes a mi fe?

Si continuamos leyendo el mismo versículo, nos encontramos con la otra parte de este mandato: “Yo debo ser santificado entre los israelitas…” Esto sería, claramente, lo opuesto a profanar su nombre, es decir elevar el concepto de D’s en este mundo a través de nuestras acciones.


Pero ¿acaso podemos santificar su nombre separados de la fuente de toda santidad? El versículo termina con una afirmación clave que nos revela esta respuesta: “Yo soy Hashem que los santifico”. D’s eleva a la persona en el momento que la persona se eleva a D’s, es decir, si no estamos conectados con la fuente de toda santidad difícilmente podamos crear espacios llenos de la presencia de D’s, si no nos acercamos a Él para ser santificados primero no podremos santificar su nombre cada día activamente.


¡Ojalá que podamos permanecer conectado a la fuente verdadera de Santidad para elevar cada día el nombre de D’s!

Para continuar profundizando en otros aspectos importantes de esta porción y ser parte del debate, te invitamos a nuestra clase de estudio semanal (Pardes) los lunes a las 20:00 h en nuestra comunidad.

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