• Mica

El orgullo como velo

Parashá Bo > Shemot 10:1 - 13:16


¿Qué tan diferentes somos de Paró?


Uno de los aspectos más interesantes que encontramos en el relato de las plagas es la actitud de Paró. Si prestamos atención al texto de la Torá, notaremos que en las cinco primeras plagas fue Paró mismo quien endureció su propio corazón y no quiso dejar libre al pueblo de Israel. Paró sentía que aún lo tenía todo bajo control. Pero a partir de la la plaga sexta, la plaga de las úlceras, la Torá expresa que Hashem era el que endurecía el corazón de Paró. El rey de Egipto se negaba rotundamente a liberar a Israel y a reconocer que solo Hashem era el único D’s verdadero.


Sin duda el orgullo de Paró en medio de las cinco primeras plagas le impedían ver realmente lo que estaba sucediendo. Ningún dios egipcio jamás había demostrado tanto poder como el D’s de los hebreos lo estaba haciendo. Aun así, se rehusaba a reconocerlo. A sus hechiceros les tomó solo tres plagas reconocer que aquella grandeza se debía al dedo de Dios. ¿Por qué Paró esperó hasta perder a su hijo?


El gran sabio Sforno explica que es probable que Paró hubiese cedido en las últimas cinco plagas, pero D’s endureció su corazón. ¿Por qué? Porque, explica el sabio, Paró hubiese cedido al no poder soportar ya más el flagelo de las plagas, no porque reconociera a Hashem como el D’s verdadero. Al endurecerle D’s el corazón, Paró pudo soportar un poco más y así poder decidir si liberar a Israel o no.


Muchas veces nosotros actuamos de la misma manera que Paró. Nos obstinamos en nuestro orgullo y creemos poseer el control total de todo lo que nos sucede. Nos creemos invencibles y olvidamos que, en realidad, es D’s quien tiene el control de todas las cosas. D’s siempre nos está esperando. Siempre nos está brindando una oportunidad para que volvamos en sí y reflexionemos y reconozcamos que él es soberano. A veces Hashem nos quiere hacer volver a él, y sí, puede ser doloroso, pero cuando regresamos a él todo dolor se disipa.


Que D’s nos ayude a aprender que todo lo que pasa en el mundo, todo lo que ocurre alrededor y en nuestra vidas está guiado por la Providencia divina. Todo tiene un propósito y un motivo particular, pero no debemos olvidar que el propósito común de todo es reconocer que D’s es el único D’s verdadero.

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