• Matt

Un virus llamado Jametz

Dios nos ordena limpiar nuestro hogar y nuestra alma para combatir al virus más letal de la historia: el pecado.


Uno de los preceptos de Pesaj es la limpieza de Jametz. Llamamos Jametz a todo alimento elaborado con trigo, avena, cebada, centeno y los fermentados con levadura. Esta limpieza debe permanecer por siete días, tal como leemos en Éxodo 12:19, “Por siete días no se hallara levadura en vuestras casas”.


La tradición nos indica que esta limpieza es un proceso de tres pasos: 1 – Verificación: Una limpieza profunda puede llevar algunos días pero se deja alguna habitación para que la noche anterior a Pesaj (martes 7 de abril) toda la familia pueda participar en la búsqueda de jametz. Algunos padres esconden bolsitas con galletas y se les entrega a los niños linterna y plumero para que las encuentren. 2- Anulación: Después de esa búsqueda (que inició con una braja) se colocan los alimentos leudantes en un lugar seguro y se finaliza con otra oración que anula aquel jametz que podríamos haber pasado por alto y aunque desconocemos de su existencia quedó en la casa. 3- Quemadura: Aquellos alimentos encontrados por la noche son quemados por la mañana (miercoles 8 de abril). Finalmente nuestra casa queda limpia de jametz y estamos listos para celebrar Pesaj por la noche.



Jametz en tiempos de cuarentena: ¿cómo limpiar? Acá te mostramos.


¿Qué significado espiritual tiene el jametz y el ejercicio de buscarlo, anularlo y quemarlo? Los sabios nos enseñan que el jametz es comparado al pecado del hombre. ¿Acaso podemos celebrar Pesaj siendo esclavos de nuestros propios instintos? Por eso se nos ordena una limpieza del hogar como metáfora de una limpieza espiritual, para que podamos celebrar la libertad siendo verdaderamente libres.


Si algo nos esta enseñando esta cuarentena es que al virus se lo combate con higiene personal. Al pecado debes tratarlo de la misma manera, este año ordena y limpia tu casa interior. Atrévete a mirarte por dentro. Se lo suficientemente humilde para recoger lo que está podrido en ti. Prende la luz del alma y levanta la alfombra, mueve los muebles, mira debajo de la cama. Claro que veras mugre, tierra y pelusa. Porque hace mucho que no te encuentras contigo mismo. Solo convives pero no te hablas, no te miras, no te sientes.


Límpiate. Encárgate de lo ves y anula el resto. Déjalo fuera. Ya no es tuyo. Acércate con el alma liviana a la mesa y celebra libre la ofrenda redentora de Pesaj que es el Mesias.

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