• Matt

Erosión

TAZRÍA-METZORÁ > Vaikrá 12 - 15


Palabras que erosionan y montañas heridas.


Es sabido que una de las capacidades fundamentales que distingue al se humano del resto de las especies que habitan la tierra es su capacidad de comunicación, es decir, el lenguaje. Filósofos y lingüistas han indagado en la naturaleza y las características que la comunicación humana posee y cómo esta se diferencia de los sistemas de comunicación animal.


Muchos lingüistas contemporáneos han convenido en diversas caracterizaciones del lenguaje humano y han dado diversos aspectos que son distintivos de la comunicación humana. En esta oportunidad me referiré a uno de estos aspectos de sobremanera llamativo: la prevaricación (1). Esta característica, explican los lingüistas es, básicamente, la capacidad que poseemos los seres humanos de elaborar mentiras. En otras palabras, podríamos decir que al ser humano se lo puede caracterizar porque es capaz de cometer Lashón Hará contra su prójimo.


Durante la lectura de la porción de esta semana, aprendemos acerca de la enfermedad de Taazrat, una enfermedad espiritual acaecida como consecuencia de la murmuración. Esta enfermedad, llamada común pero erróneamente como lepra, se caracterizaba por la aparición de manchas blancas o rosas en la piel de una persona (o rosas y verdosas en las ropas).



Esta enfermedad no era otra cosa que la manifestación visible de un estado espiritual oculto. La enfermedad de la Taazrat no tenía como objeto humillar a las personas, sino más bien, como toda la Torá, hacer volver en sí a aquellas personas que hicieron mal para que regresen a D"s en teshuvá, en arrepentimiento.


El profeta Amós escribió: "He aquí que el Creador de los montes y el Hacedor del viento le dirá al hombre cuál fue su conversación". ¿Cuál es la relación entre los montes, los vientos y nuestra conversación? Los montes son aquello que podemos tocar, lo material; el viento, en cambio, es imperceptible a la vista, impalpable e invisible. Sin embargo, un viento débil, pero continuo, puede erosionar la más antigua de las montañas. Podemos interpretarlo así: las montañas son las personas, aquellas que vemos, abrazamos y con las que queremos o no pasar nuestro tiempo; el viento, lo invisible y aparentemente inofensivo, son nuestras palabras, nuestras mentiras, nuestras verdades. ¿Cómo queremos que sea nuestro efecto en las personas? ¿Queremos erosionarlas con nuestra Lashón Hará? ¿O de verdad anhelamos moldear en la Torá a aquellos que nos rodean?


Ya lo advirtío Yaakov, el shelíaj, en su epístola: [...] la lengua es algo pequeño que pronuncia grandes discursos. Así también una sola chispa puede incendiar todo un bosque. De todas las partes del cuerpo, la lengua es una llama de fuego. Es un mundo entero de maldad que corrompe todo el cuerpo.


Si bien puede que el hombre, como decíamos al inicio, se caracterice en gran medida por poseer la capacidad de prevaricar, de hacer Lashón Hará, pidamos a D"s que nos ayude a nuestras palabras sean un viento que edifique y no que corroa y erosiona a aquellos a los que D"s también llama a su amor.


Ojala que hablemos bien.


(1) Sobre la caracterización del lenguaje humano léase el capítulo 1 de la obra Introducción y aplicaciones contextualizadas a la lingüística hispánica de Manuel Díaz‐Campos, Kimberly L. Geeslin, y Laura Gurzynski‐Weiss publicado en 2017.

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