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El hombre que regresó a su tierra

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Un pedido profundo, una promesa antes de una muerte y una misión a cumplir: El propósito del traslado del cuerpo de Iaacov.


Emotiva ceremonia en el recibimiento del cuerpo del capitán Luis Castagnari, muerto en las Islas Malvinas. Crédito: Twitter @FuerzaAerea_Arg

Luego de treinta y seis años, el cumplimiento de una fuerte y conmovedora promesa tuvo lugar este 5 de diciembre. Antes de partir a la guerra de Malvinas, el primer teniente de la Fuerza Aérea, Luis Castagnari, le pidió a su esposa: "Si no regreso, traé mi cuerpo y enterrame junto a Gustavito". La viuda, María Cristina Scavarda, le prometió cumplir con su última voluntad, de enterrarlo junto a los restos de su hijo.


En 1982 le comunican a la familia Castagnari que el primer teniente había fallecido en una misión especial, comenzó entonces un largo proceso de duelo y una promesa latente que pedía ser cumplida. Sin embargo, no fue sino hasta el 2015 cuando María pudo encabezar las gestiones necesarias para efectuar la operación.


"Sentí una tristeza enorme. Me abracé a su cruz y lloré. Me acosté sobre la tumba y le pedí perdón por no haber cumplido con lo que él me había pedido. Ese dolor que me pesaba, esa mochila que llevé cargada durante 36 años, me había quebrado".

Luego de un largo proceso en el que la familia tuvo que realizar trámites legales, este 2018 le llegó la confirmación del traslado que efectivamente se realizaría en diciembre. Las autoridades reconocieron el hecho como “necesario para cerrar las heridas de la familia, un acto de sanación”.


Sin duda, el cumplimiento de esta promesa implicaba para la familia Castagnari, y aun más para María, una fuerte carga emocional. El 5 de diciembre, finalmente, el cuerpo fue recibido en Río Cuarto.


En nuestra porción de estudio semanal, Vaiejí, encontramos una situación similar: Iaacov le pide a Iosef que lo entierre en Eretz Israel, pero ¿Cuál era el propósito de este pedido? ¿Acaso tenía que ver con un amor incondicional a su tierra?


El Midrash nos explica que “Iaakov quería que sus descendientes fueran conscientes para siempre del hecho que su permanencia en Egipto era solamente temporaria, que no era su patria”. Un hecho material y temporal (el traslado del cuerpo) para cultivar un aprendizaje eterno (no dejar de mirar hacia Eretz Israel). Por eso cuando la Torá expresa la muerte de Iaacov dice vaiejí - y vivió (en vez de y murió), puesto que Iaacov pudo trascender por medio de su herencia. Así es como hoy llamamos a esa Tierra Prometida, Israel, y a su visión, Pueblo Bendito.

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